Lo que antes era casi un ritual libre (hacer Seichi Junrei, peregrinar a los “lugares sagrados” del anime) se está convirtiendo en algo mucho más controlado. Gracias a campañas como Cool Japan, Japón ha logrado cifras récord: más de 42.7 millones de visitantes internacionales en 2025, superando ampliamente los 36.9 millones de 2024. Pero ese éxito tiene un coste: barrios saturados, vecinos agotados y gobiernos locales que empiezan a ver a parte del turismo otaku no como bendición, sino como un problema que hay que gestionar.
La tensión está clara: el mismo fan que viaja para homenajear una obra es, por puro volumen, quien está ayudando a erosionar la calidad de vida de los lugares que quiere visitar. Y el mensaje de Japón para 2026 en adelante es directo: mejor menos visitantes, más conscientes y con un gasto mayor, que mareas infinitas de gente buscando la foto perfecta.
El Seichi Junrei se podría traducir como “peregrinaje a tierra sagrada”, pero aquí el santuario no es solo un templo, sino cualquier lugar que un anime, manga o película ha convertido en icono. Lo que comenzó como algo de nicho se ha convertido en un motor económico que el propio gobierno japonés ha abrazado para revitalizar zonas rurales y promocionar su cultura.
Ya no se trata de ir, sacar una foto y volver al hotel. Muchos viajeros quieren “respirar” el escenario de su serie favorita, tomarse un café en la misma esquina que un personaje o caminar por la estación exacta donde arranca una escena clave. Ese vínculo emocional ha transformado simples localizaciones en lugares de peregrinación personal.
Clásicos como las escaleras de Kimi no Na wa (Your Name) en Tokio siguen recibiendo peregrinos a diario, y Akihabara continúa siendo el gran barrio otaku donde se mezcla todo: figuras, cafés temáticos y carteles gigantes. Pero la tendencia actual está empujando a los fans a salir de la “Ruta Dorada” Tokio–Kioto–Osaka para buscar escenarios más específicos.
Ahí entran en juego prefecturas como Gifu, ligada tanto a Your Name como a A Silent Voice. De repente, un pueblo que luchaba contra la despoblación se convierte en un destino global de peregrinaje. Lo que antes era “un sitio más del mapa” pasa a ser una especie de parque temático emocional para fans de todo el mundo.
Según estudios de la Universidad de Waseda, la designación como “tierra sagrada” del anime genera un aumento promedio del 0.5% en los ingresos por contribuyente y un incremento del 5.8% en la población local al atraer a nuevos residentes. Convertirse en un “seichi” ha devuelto el orgullo local: lo que antes era un pueblo olvidado, ahora es el lugar al que viajan fans de todo el mundo por su serie favorita.
Encuestas recientes señalan que más del 75% de los ciudadanos japoneses consideran el sobreturismo un problema grave. En lugares como Kioto, la queja es constante: calles colapsadas, ruido y basura. Barrios como Gion han tenido que restringir el paso a ciertas calles privadas porque los turistas bloqueaban accesos o invadían propiedades buscando la “foto perfecta”. El miedo de los residentes es perder la identidad cultural original del barrio.
Para gestionar este volumen, el gobierno japonés ha implementado medidas que encarecen y regulan la entrada al país. El objetivo es pasar de un turismo masivo a uno de mayor gasto y mejor comportamiento.
A partir del año fiscal 2028 (marzo de 2029), los visitantes de países exentos de visado (incluyendo España, México, Argentina, Chile y el resto de Latinoamérica) deberán solicitar el JESTA (Japan Electronic System for Travel Authorization). Es un trámite obligatorio online, similar al ESTA de EE. UU., con un coste de entre 2.000 y 4.000 yenes. Este sistema servirá como filtro previo para controlar el perfil y la cantidad de visitantes.
La “inflación del fan” es real. Monumentos como el Castillo de Himeji ya cobran 2.500 yenes a extranjeros frente a los 1.000 de los residentes desde marzo de 2026. Este sistema busca que el turista se convierta en un patrocinador de la conservación, financiando el mantenimiento de los sitios que visita para que sigan siendo vivibles para los locales.
En prefecturas como Gifu, el éxito se mide ahora en paz social. La estrategia es atraer visitas de alta calidad: viajeros que se quedan más tiempo, gastan más en negocios locales y respetan los códigos de conducta. Es la única forma de evitar que la identidad de los pueblos rurales se borre bajo el peso del turismo masivo.
Japón está priorizando la cohesión social interna. El mensaje es claro: los barrios deben seguir siendo vivibles. En este contexto, el fan de anime ya no es un invitado incuestionable, sino alguien que debe encajar en reglas más estrictas. El Seichi Junrei sigue siendo bienvenido, pero en una versión mucho más ordenada y menos invasiva.
El Seichi Junrei 2.0 exige preparación y respeto. Si planeas visitar escenarios reales de anime, sigue estas reglas de oro para asegurar que estos lugares sigan abiertos para todos:
En Hub Anime nos tomamos en serio la precisión. Esta guía ha sido contrastada con registros oficiales y estudios técnicos para el periodo 2025-2026:
Análisis y perspectiva editorial por el equipo de Hub Anime.