Hay animes que no te dejan dormir hasta terminarlos, y otros que te dejan un hueco raro cuando acaban. Wistoria: Wand and Sword es de los segundos, y esta lista existe precisamente para tapar ese hueco.
Si estás siguiendo la segunda temporada de Wistoria: Wand and Sword semana a semana y la espera entre capítulos te está matando, tranquilo, nos pasa a todos. Ver a Will Serfort destrozar el clasismo mágico a base de fuerza bruta en estos nuevos episodios de la T2 es adictivo.
Pero mientras esperamos al siguiente episodio, la industria tiene más joyas escondidas que rascan exactamente esa misma picazón.
Si estás buscando animes parecidos a Wistoria para calmar el hype entre semana, aquí tienes 10 producciones que no te van a decepcionar. Nada de listas genéricas; cada título de aquí te va a dar lo que buscas.
Asta es el molde original del que bebe gran parte de la historia de Will Serfort. Nacido completamente nulo en las artes arcanas en un reino que respira hechicería, se abre paso a base de espadazos de antimagia y un físico llevado al límite para competir por el título de Rey Mago.
Lo que importa aquí es la arquitectura de la historia: la satisfacción pura de ver a un marginado usar fuerza bruta para destrozar formaciones de alta categoría de los magos aristócratas.
Ambos animes incluso comparten a Tatsuya Yoshihara, que ejerce como Director Jefe en Wistoria T2 mientras Hideaki Nakano asume el rol de Director de la serie, habiendo ascendido desde la dirección de episodios de la primera temporada. Esa continuidad creativa en el equipo explica directamente por qué el ritmo de acción de ambas series se siente cortado por el mismo patrón.
Si las peleas de Wistoria te engancharon, este es el siguiente paso obligatorio para ver esa fórmula llevada al extremo en un formato de larga duración.
Las similitudes con Wistoria no son casualidad: ambas series las escribió el mismo autor, Fujino Omori. Bell Cranel empieza como un aventurero novato en el escalón más bajo de la mazmorra de Orario, motivado a crecer a toda velocidad por su admiración hacia una espadachina fuera de su alcance.
Los pisos que hay que explorar, los cristales que recoger y la tensión de llegar a una zona segura antes de que te alcancen los monstruos son ideas que Omori inventó aquí y luego trasladó al mundo de Will. DanMachi es, básicamente, el laboratorio original donde se diseñaron las reglas de Regarden, con una adaptación que a partir de su cuarta temporada sube la brutalidad a otro nivel por completo.
La Academia Kimberly tiene la misma pinta de escuela de magia para élites que la de Wistoria, pero con el peligro disparado al máximo. Oliver Horn es un estudiante de primer año que aparenta ser tranquilo y educado, pero que en realidad lucha por sobrevivir dentro de una institución siniestra que se cobra la vida de sus propios alumnos.
Lo que más se ignora en este tipo de series es que una escuela de magia de verdad debería ser un lugar aterrador, y aquí lo es: uno de cada cinco estudiantes no llega a graduarse. A diferencia de Will, Oliver esconde a propósito que maneja la espada a un nivel altísimo, porque tiene un plan de venganza que necesita tiempo para ejecutarse.
El resultado es una historia mucho más oscura y con personajes que no son ni del todo buenos ni del todo malos.
En la Academia Hagun, lo único que importa es cuánta magia tienes de nacimiento, e Ikki Kurogane tiene la peor nota posible (Rango-F). Condenado a repetir curso, decide demostrar su valía en un torneo escolar derrotando a los genios mágicos a base de pura habilidad con la espada.
La serie se gana todo el crédito acumulado cuando entiendes que Ikki no va a descubrir ningún poder secreto de última hora. Lo que lo hace peligroso es su técnica Ittou Shura, con la que apaga por completo el instinto de protegerse que tiene todo ser humano, liberando así toda la fuerza que el cuerpo normalmente se guarda para no hacerse daño.
El problema es que el cuerpo no está hecho para aguantar eso: los músculos se destrozan por dentro, y solo tiene un minuto antes de que el daño sea irreversible. Los combates se convierten entonces en un juego de ajedrez donde Ikki debe calcular exactamente cuándo va a atacar el rival para encajar ese único minuto en el momento justo.
Si la humillación constante que sufre Will te saca de quicio y necesitas ver a los magos arrogantes recibir su merecido cuanto antes, este es tu anime. Mash vive en un mundo donde los magos se creen intocables por encima del resto, pero él responde a esa soberbia a base de puñetazos, pesas y una indiferencia total hacia todo lo que le rodea.
Lo que hace diferente a la serie es cómo le quita toda la majestuosidad a la magia de golpe. Mash no busca una técnica especial ni entrena su poder: simplemente le da un tortazo a la bola de fuego y aplasta al noble prodigio contra el suelo mientras se come un bollo de crema tan tranquilo.
Es el respiro cómico perfecto entre series más serias, y la mejor forma de soltar tensión sin dejar de disfrutar del mismo choque entre fuerza bruta y magia de élite.
Iruma es un humano sin una gota de maná que acaba matriculado por accidente en la escuela Babyls, una institución llena de demonios. Si alguien descubre que es humano, se lo meriendan en el acto, así que su única salida es fingir que es un hechicero de élite y no levantar sospechas.
Lo que lo hace especial es cómo se defiende cuando las cosas se complican. Iruma pasó toda su infancia huyendo de situaciones peligrosas, y eso le dejó una agilidad física que ningún demonio se espera. Esquiva hechizos devastadores con puro movimiento corporal, sin lanzar ni un solo conjuro, lo que descoloca por completo a sus rivales.
Ver a alguien que no tiene absolutamente nada a su favor ganarse el respeto de toda una escuela de demonios a base de reflejos y cabeza fría es exactamente la misma satisfacción que da ver progresar a Will.
El tono visual cambia bastante, pero el tema de fondo es exactamente el mismo. Akko entra a la prestigiosa academia Luna Nova sin ser capaz de lanzar ni el hechizo más básico y sin ningún linaje mágico detrás, movida únicamente por la admiración que siente hacia una bruja famosa que vio de pequeña.
El corazón de la serie es el contraste entre Akko, que se estrella contra cada obstáculo y vuelve a intentarlo sin pensárselo dos veces, y Diana, que domina la magia con una elegancia natural que Akko nunca va a tener. Ver cómo Akko intenta domar el Shiny Rod a base de cabezonería pura es el mejor ejemplo de que la obsesión y el esfuerzo sin freno pueden doblar las reglas de un mundo que ya te dio por perdida.
Una parte enorme del atractivo de Wistoria es sobrevivir en la mazmorra usando la cabeza, y Dungeon Meshi es una de las mejores series modernas que explora exactamente eso. Un grupo sin dinero ni recursos desciende a una mazmorra extremadamente peligrosa con una solución tan simple como desesperada: cocinarse y comerse a los propios monstruos para no morirse de hambre mientras intentan rescatar a un compañero.
Lo que engancha de verdad es cómo el grupo de Laios trata cada monstruo como un problema a resolver antes de atacarlo. Un ejemplo perfecto es el basilisco: tiene dos cerebros dentro del mismo cuerpo que comparten los mismos reflejos, así que cuando amenazas las dos cabezas a la vez, ambos cerebros intentan defenderse en direcciones contrarias al mismo tiempo, bloqueando a la criatura con su propia confusión.
Esa forma de estudiar al enemigo antes de levantar la espada es exactamente la misma lógica que usa Will cada vez que no puede resolver una pelea a base de fuerza directa.
El punto de partida es sencillo: Baam entra a una torre colosal para encontrar a la única persona que importa en su vida. El problema es que llega siendo visto como un don nadie frágil, rodeado de asesinos experimentados y herederos de familias poderosas que llevan toda la vida preparándose para esto.
Lo que te mantiene pegado a la pantalla es cómo funcionan los combates dentro de la Torre. No basta con tener poder: cada participante ocupa un rol muy concreto dentro del grupo, como el Portador de Luz o el Manipulador de Ondas, y las pruebas están diseñadas para que fallar en la coordinación signifique la muerte. A eso se le suma que cualquier aliado puede traicionarte si le conviene.
Si los exámenes del calabozo de Regarden te parecieron tensos, Tower of God lleva esa misma presión a un nivel donde no puedes fiarte de nadie a tu alrededor.
Usato llega a otro mundo y le toca la peor carta posible: magia de curación, la habilidad que todo el mundo considera inútil en el campo de batalla. Pero la capitana Rose lo ve de otra manera y lo arrastra a la fuerza al Equipo de Rescate, donde lo somete a un entrenamiento tan salvaje que hace que el combate parezca un descanso, con un único objetivo: forjar un médico capaz de aguantar en primera línea mientras los demás caen a su alrededor.
Lo que hace memorable a la serie es el resultado de ese entrenamiento. Usato no cura desde la retaguardia: sale corriendo hacia el frente, esquiva hechizos a pura velocidad y le mete un puñetazo en la cara al villano antes de remendarlo para que pueda recibir el siguiente. Es tan absurdo como satisfactorio.
Es el cierre perfecto para esta lista si lo que más te gustó de Wistoria fue ver cómo el esfuerzo físico llevado al límite aplasta sin contemplaciones la arrogancia de los que creen que el poder mágico lo es todo.
Ahí lo tienes. Sobrevivir a la espera entre los domingos de emisión de la segunda temporada es mucho más fácil cuando tienes diez series de este nivel esperando en la cola.
Lo que hace que la obra de Fujino Omori funcione tan bien no es solo la magia ni los monstruos de la mazmorra. Es algo más simple y más poderoso que todo eso: la satisfacción de ver a alguien a quien el mundo entero descartó demostrar, uno a uno, que todos estaban equivocados.
Cada serie de esta lista te va a dar esa misma descarga, cada una a su manera. Algunas lo hacen con comedia y puñetazos, otras con academias donde la muerte acecha en cada pasillo, y otras con combates tan bien pensados que te hacen replantear lo que creías saber sobre las peleas de anime. Pero todas comparten el mismo núcleo.
Lo que une a Will Serfort con Asta, con Baam, con Ikki y con todos los demás es exactamente lo mismo: vivir en un mundo que les cerró todas las puertas, y elegir derribarlas igual. Que la semana pase volando hasta el próximo capítulo de Will.