Tras cada Ángel y cruz de luz hay un manual que el estudio nunca mostró. Esta es la historia oculta de Evangelion: el secreto de por qué jamás fuimos dueños de la Tierra.

Recuerdo la primera vez que vi el primer episodio de Evangelion. Cuando el Ángel Sachiel detona y forma esa inmensa cruz de luz perfecta en el horizonte, pensé: «Vale, esto va de religión, apocalipsis y castigo divino». Y luego, años después, descubrí la verdad.
Resulta que Kazuya Tsurumaki y el estudio metieron todo ese simbolismo cristiano simplemente porque en Japón resultaba exótico y se veía espectacular en pantalla. No había ningún mensaje religioso oculto sobre Dios castigando a Tokyo-3.
Si le quitamos esa fachada religiosa, lo que queda es una historia de ciencia ficción pura y fascinante. Aquí tienes los grandes secretos que el estudio escondió en videojuegos y entrevistas, y la explicación de por qué, en realidad, nosotros somos los malos de la película.

Antes de entrar de lleno en la historia, aquí tienes una pequeña guía rápida para que no te pierdas entre tanto concepto espacial:

Entender esto es bastante complicado la primera vez, porque en los 26 episodios originales casi no explican nada de este pasado remoto. Para encajar las piezas, hay que buscar en los archivos de Información Clasificada de un videojuego de PlayStation 2 (NGE2), los cuales fueron elaborados a partir de entrevistas con los creadores de la serie.
La historia real comienza hace miles de millones de años. Una civilización alienígena al borde de la extinción, conocida como la Primera Raza Ancestral, decidió esparcir su legado biológico por el cosmos. Para ello, enviaron siete «Semillas de Vida» dentro de colosales esferas de transporte con el objetivo de poblar distintos sistemas solares.
Pero tenían una regla inquebrantable: separar su inmenso poder genético en dos frutos distintos que jamás debían mezclarse en un mismo planeta. La razón era simple y aterradora: si ambos frutos se fusionaban, la criatura resultante se convertiría en un dios con el mismo poder que la raza original.

Lo más increíble de Evangelion es descubrir un detalle que cambia toda la historia: la humanidad no es la dueña de la Tierra. En realidad, el planeta le pertenecía a Adán (la Semilla de la Vida) y a sus hijos, los Ángeles.
Pero hubo un gran accidente en el espacio. La esfera de Lilith (la Semilla del Conocimiento) se desvió de su ruta y se estrelló por error contra nuestro planeta cuando apenas se estaba formando. Ese choque fue tan inmenso que arrancó un pedazo de roca y creó la Luna. Además, el golpe destruyó la Lanza de Longinus de Lilith, que funcionaba como su sistema de seguridad.
Como las reglas dictaban que ambos frutos no podían coexistir en el mismo planeta, el sistema de emergencia tomó el control. Adán no tomó ninguna decisión heroica: su propia Lanza reaccionó de forma completamente automática y lo empaló, forzándolo a entrar en hibernación para evitar la destrucción total.
Mientras Adán dormía, de la sangre que derramó Lilith tras el golpe (el famoso LCL naranja) nacimos los humanos. En resumen, somos un simple accidente, unos intrusos que se quedaron con el hogar de otros. Por eso los Ángeles atacan Tokyo-3: no son monstruos malos, solo acaban de despertar y quieren recuperar su casa.

Pero, ¿cómo despertó exactamente? Toda esta historia secreta nos lleva al año 2000. La expedición del Dr. Katsuragi encontró a ese Adán que llevaba milenios dormido en la Antártida. Creían estar haciendo el descubrimiento científico del siglo, pero en realidad solo eran peones en un plan fríamente calculado: el Segundo Impacto fue un acto deliberado de SEELE.
La ONU vendió al mundo la mentira de un meteorito, pero la verdad es que SEELE orquestó un oscuro experimento de contacto. Ordenaron insertar ADN humano directamente en el núcleo de Adán, lo que sobrecargó su sistema. Cuando los científicos intentaron desesperadamente detener el caos usando la Lanza para reducirlo a un embrión, la brutal reacción detonó la explosión. El desastre arrasó el polo y esparció las almas de los Ángeles por el mundo.
Por eso los monstruos tardan exactamente 15 años en llegar a Tokyo-3: estaban terminando de formarse tras la explosión, y ahora buscan desesperadamente unirse a su creador para reiniciar el mundo a su favor.
Y aquí entra el giro más oscuro de la serie. En el episodio 24, cuando Kaworu baja a lo más profundo de NERV buscando a Adán, descubre que el gigante blanco crucificado frente a él es, en realidad, Lilith. SEELE engañó a todos. Los Ángeles no atacaban la base por casualidad; se guiaban por puro instinto porque la energía de Lilith y la de Adán se sienten exactamente igual, creyendo por error que ella era su padre.

Si los Ángeles son los verdaderos dueños de la Tierra reclamando su hogar, ¿qué son exactamente los Evangelion? Para mí, esta es la revelación más oscura de toda la serie. En el episodio 23, cuando Ritsuko destruye los tanques de clones de Rei, descubrimos el gran límite de NERV: la ciencia humana puede clonar la carne de un dios, pero jamás aprendió a fabricar un alma.
Los EVA no son simples robots, sino clones cibernéticos (copiados de Adán, salvo el EVA-01, arrancado de Lilith). Para que estas bestias funcionen, NERV metió almas humanas a la fuerza en sus núcleos. Y para que la conexión no fría el cerebro del piloto, esa alma debe tener un vínculo absoluto con el niño.
Por eso Shinji y Asuka no fueron reclutados por sus reflejos. Fueron elegidos porque son hijos del luto: niños que perdieron a sus madres y ahora las llevan dentro de sus máquinas. Cuando el EVA-01 pierde el control y despedaza a Zeruel en el episodio 19, no vemos un robot estropeado, sino a una madre defendiendo brutalmente a su hijo.
Rei Ayanami es la trágica excepción. Al ser un clon sin madre biológica, su EVA-00 carece de un vinculo materno que la proteja. Según los archivos secretos, esta ausencia provoca la inestabilidad de su núcleo, explicando los violentos arranques de locura del prototipo durante la serie.

Si ya sabemos qué son los Evas, la gran pregunta es: ¿quién mueve los hilos? Durante la serie nos venden los Manuscritos del Mar Muerto como textos religiosos intocables. Pero la realidad es más fría. No son profecías divinas; son, literalmente, el manual de instrucciones que la Primera Raza Ancestral dejó para manejar a las Semillas de la Vida.
Los ancianos de SEELE usan este manual para su plan maestro: el Proyecto de Complementación Humana. Para ellos, la humanidad es un fracaso lleno de dolor, así que buscan provocar el Tercer Impacto para licuarnos en LCL. Quieren destruir los Campos A.T. (las barreras del alma) y fusionarnos en una sola mente sin miedo ni soledad.
Y luego está Gendo Ikari. A él le da exactamente igual la evolución humana o la paz mundial. Finge trabajar para SEELE, pero traiciona a todos por un motivo dolorosamente egoísta. Como el alma de su esposa sigue atrapada en el EVA-01, su única ambición es hackear este sistema cósmico para abrazar a Yui una vez más. Todo el fin del mundo, orquestado por un hombre incapaz de superar su luto.

Después de ver a Gendo destruir todo por no soltar el pasado, la gran pregunta es si podemos escapar de este ciclo. Hideaki Anno tardó veinte años en darnos la respuesta con Rebuild of Evangelion.
Al darle una segunda vuelta a las películas, las pruebas del bucle temporal son evidentes. El mar ya es rojo sangre desde el principio, y Kaworu insinúa que la historia se repite tras The End of Evangelion.
Pero el desenlace de 3.0+1.0 cambia todo lo que creíamos saber. Todavía recuerdo cómo me quedé sin palabras al ver a Shinji y Gendo chocar sus Evas en el Objeto Gólgota: el cielo colapsa y descubrimos que están peleando literalmente en un set de rodaje, entre maquetas de cartón y cámaras.
Anno derriba la cuarta pared para confirmarnos que la trama de extraterrestres ya no importa. Shinji rechaza reiniciar la ficción, abandona los Evas y corre hacia la imagen real cruzando la estación de Ube (la ciudad natal del director). Es el fin de esconderse en la fantasía.
Empezamos este viaje intentando descifrar ángeles y profecías que resultaron ser una simple cortina de humo. Al final, este laberinto de dioses y clones era solo la excusa para contarnos una historia sobre aprender a vivir en la realidad. Y esto nos deja una reflexión inevitable: si Evangelion nos pide que miremos hacia afuera, ¿cómo deberíamos enfrentarnos ahora a las nuevas historias y villanos que consumimos?