Durante años, los fans han elevado Steel Ball Run a la categoría de obra “intocable”, algo que muchos preferirían no ver adaptado antes que verlo traicionado. Entre el trauma del CGI mal hecho, el desgaste de David Production y el modelo de estrenos de Netflix, la adaptación suena más a ruleta rusa que a celebración.
Vamos a ser brutalmente honestos entre nosotros, de fan a fan. Llevamos años, casi una década, gritando “Pizza Mozzarella” en foros de internet. Llevamos años spameando “SBR When?” en cada tuit que publica la cuenta oficial de Warner Bros. Japan. Hemos convertido la espera de la Parte 7 de JoJo’s Bizarre Adventure en un estilo de vida, en un meme doloroso que nos une como comunidad.
Pero ahora que estamos en 2026, ahora que la realidad nos respira en la nuca y los rumores de producción se han vuelto tangibles, ha surgido un sentimiento oscuro en el fandom. Es un susurro que nadie quiere admitir en voz alta, pero que todos pensamos al ver las filtraciones: “Si va a ser un desastre de CGI, prefiero que no lo hagan”.
¿Nos hemos vuelto locos? ¿Estamos rechazando el Santo Grial del manga? No. Lo que pasa es que tenemos miedo. Y hoy, en este editorial, vamos a analizar exactamente por qué ese miedo está justificado, por qué la “maldición del CGI” es más compleja de lo que parece y por qué, a pesar de todo, quizás debamos confiar en David Production una última vez.
Empecemos por lo obvio, lo que te quita el sueño. Los caballos.
Steel Ball Run no es un shonen de peleas normal. Es un western. Es una carrera transcontinental. Johnny Joestar y Gyro Zeppeli no caminan hacia el villano; cabalgan. Valkyrie y Slow Dancer (sus caballos) no son vehículos; son personajes secundarios. Tienen expresiones, tienen peso, sudan y sangran.
El problema técnico es que animar un cuadrúpedo en 2D tradicional (sakuga) es, perdonadme la expresión, un infierno logístico.
Un caballo tiene cuatro puntos de apoyo que se mueven en patrones asimétricos. Su musculatura se contrae y expande con cada impacto. Dibujar eso cuadro a cuadro, multiplicado por los cientos de participantes de la carrera, requeriría un presupuesto que ni siquiera One Piece tiene.
Aquí es donde entra el pánico: el trauma de Berserk 2016.
Todos tenemos grabada en la retina esa abominación de CGI tosco, ruidoso y mal integrado. El miedo del fan es que SBR se convierta en eso: muñecos de plástico sin alma flotando sobre un fondo 2D.
¿Pero es el CGI realmente el enemigo en 2026?
Más allá del meme, hay un motivo por el que el 3D está en todas partes. La industria del anime lleva años en una especie de “modo supervivencia”. Cada temporada salen decenas de series nuevas, pero el número de animadores 2D veteranos no ha crecido al mismo ritmo. Dibujar a mano a un caballero medieval es duro; dibujar a cien jinetes en una estampida es casi una falta de respeto al equipo. Las productoras, al final, tienen que elegir entre: o recortar ambición, o buscar atajos tecnológicos.
El CGI entra aquí no como villano, sino como muleta. Cuando se usa como parche barato, el resultado canta a plástico, como en Berserk 2016. Pero cuando se integra desde el storyboard, cuando el director piensa las cámaras y la puesta en escena ya con 3D en mente, pasan cosas como Trigun Stampede: sí, son polígonos, pero se mueven y respiran con una energía que muchos animes “clásicos” ya quisieran.
Tenemos que calmarnos un poco y mirar el contexto actual. No estamos en 2016.
Mirad lo que hizo Studio Orange con Trigun Stampede y ahora con Trigun Stargaze. Es 100% CGI, y sin embargo, tiene más alma y dinamismo que muchos animes 2D. Mirad las motos en Chainsaw Man o los titanes colosales en el final de Shingeki no Kyojin.
El problema no es la herramienta (CGI), es el artesano. Si David Production opta por un modelo híbrido (cel shading de alta calidad mezclado con primeros planos en 2D), podría funcionar. La pregunta que debemos hacernos es: ¿preferimos caballos CGI que se muevan con fluidez y cámaras dinámicas, o caballos 2D estáticos que sean simplemente diapositivas (panning shots) moviéndose por la pantalla? Porque, seamos realistas, animar cada galope a mano es imposible. Yo elijo el movimiento, aunque sea poligonal.
Hay otro tema espinoso del que se habla poco: el estilo artístico.
Si has leído el manga (y sé que lo has hecho), sabes que el arte de Hirohiko Araki sufre una metamorfosis brutal durante la Parte 7.
Al principio (Vol. 1-5): los personajes son anchos, angulosos, herederos del estilo de Stone Ocean.
Al final (Vol. 20-24): el estilo se vuelve realista, andrógino, con labios detallados y narices esculpidas. Es lo que llamamos el “estilo JoJolion”.
El anime no puede cambiar de estilo a la mitad. David Production tiene que elegir uno. Y por lo que sugieren los diseños filtrados, han elegido el estilo final: cuerpos más delgados, rostros más limpios.
Muchos fans se quejan de que los diseños se ven “simples” o que “todos tienen la misma cara”. Aquí va mi opinión impopular: es necesario simplificar.
El arte tardío de Araki es precioso en papel, pero es una pesadilla para animar. Esos sombreados de líneas cruzadas (hatching) en cada mejilla son imposibles de mantener en movimiento sin que el dibujo colapse.
Si queremos que los Stands como D4C o Tusk se muevan con fluidez, necesitamos que los diseños de los personajes humanos sean “animables”. ¿Recordáis lo que pasó con la Parte 5 (Golden Wind)? Simplificaron los diseños respecto al manga, y gracias a eso tuvimos la mejor animación de toda la saga. A veces, “menos detalle” significa “mejor movimiento”.
Hablemos de nuestro “tótem”, el estudio David Production (DP).
Si repasamos la historia de JoJo en anime, se nota que David Production fue creciendo junto con la serie. Phantom Blood y Battle Tendency eran casi un experimento raro que pocos veían en directo y muchos recuperaban luego en Blu-ray o fansubs. Stardust Crusaders fue la explosión: el momento en que los “JoJo Fridays” se volvieron tradición y los memes salieron de los foros para colonizar todo internet. Con Diamond is Unbreakable y Golden Wind llegó la etapa de refinamiento: más presupuesto, más estilo, más seguridad en lo que estaban haciendo y una identidad visual que ya era imposible confundir.
Y justo cuando parecía que el estudio lo tenía todo controlado, llegó la combinación maldita: Stone Ocean + modelo Netflix.
Durante una década, fueron intocables. Nos dieron los efectos de sonido visuales. Nos dieron los cambios de paleta de colores psicodélicos. Entendieron el “alma” de JoJo mejor que nadie.
Pero luego llegó Stone Ocean.
Y, amigos, tenemos que admitirlo: Stone Ocean tuvo problemas. Hubo bajones de calidad en la animación (esos planos lejanos sin cara), hubo inconsistencia y, sobre todo, hubo una sensación de “prisa”.
El rumor que corre por los mentideros de la industria es que el talento principal de DP se ha fugado o está ocupado con Fire Force (Enen no Shouboutai), que tiene una animación espectacular. La duda nos carcome: ¿es Steel Ball Run un proyecto secundario para el estudio?
Me niego a creerlo. SBR es la joya de la corona. Es el manga mejor valorado de la franquicia. Sería un suicidio comercial entregar un producto mediocre. Quiero creer que los retrasos y el silencio de radio de estos años significan que están “cocinando” algo grande. Que están desarrollando una tecnología nueva para integrar el 3D y el 2D como nunca antes se ha visto. Quizás soy un iluso, pero DP se ha ganado, al menos, el beneficio de la duda.
Olvidemos el CGI un momento. El verdadero peligro para Steel Ball Run no son los gráficos, es Netflix.
Lo que le hicieron a la Parte 6 fue criminal. El “batch release” (sacar 12 episodios de golpe, esperar 6 meses, sacar otros 12) mató el hype.
JoJo no es una serie para maratonear en un fin de semana y olvidar. JoJo es un evento semanal. Son los “JoJo Fridays”. Es entrar a Twitter y ver los memes del episodio, discutir las teorías, analizar las referencias musicales.
Steel Ball Run, además, no está estructurada como las partes anteriores. No es simplemente “X villano aparece en tal ciudad” y listo. Aquí cada etapa de la carrera tiene su propio tono: hay tramos que son puro survival horror, otros que son thriller político y otros que son casi slice of life rarísimo en mitad del desierto. Ver eso semana a semana permite que cada etapa respire, que el fandom la mastique, la dibuje, la memeé.
Si te lo comes todo en dos días de maratón, ese ritmo de viaje se convierte en un túnel. Llegas al final agotado, pero sin haber sentido el peso del trayecto. Y Steel Ball Run va precisamente de eso: de lo que te rompe por dentro durante el camino, no solo de la meta.
Steel Ball Run es un viaje. Literalmente. Es una travesía de San Diego a Nueva York. Necesitamos sentir el paso del tiempo. Necesitamos sentir la fatiga de Johnny y Gyro.
Si Netflix lanza la serie de golpe, la experiencia se diluirá. El “pánico” de los fans también viene de aquí: ¿de qué sirve tener una buena adaptación si nadie está hablando de ella dos semanas después del estreno?
Mi petición (y la de todos): necesitamos un estreno semanal. Aunque sea en Netflix. Necesitamos recuperar la comunidad.
Steel Ball Run se ha ganado esa fama no solo porque “al fandom le flipa”, sino porque parece el punto en el que todo lo que Araki venía probando durante décadas hace clic.
Por un lado, muchos lectores y críticos la ponen junto a monstruos como Vagabond o Monster cuando se habla de mangas largos que redefinieron lo que puede ser una historia de género. Araki pasa de la locura barroca de los 90 a un relato casi quirúrgico sobre destino, mérito, azar y patriotismo enfermo. Ya no es solo “JoJo raro y divertido”: es un comentario afilado sobre cómo funciona el mundo y quién se lleva el premio en una carrera amañada.
Por otro, SBR mezcla deporte, western, terror, política y drama personal sin despeinarse. Cada etapa de la carrera tiene su propia identidad, sus reglas y sus horrores, pero todo encaja dentro de una misma historia sobre dos perdedores que intentan reescribir su destino. Los poderes son creativos, sí, pero lo que engancha no son los stands: son las decisiones morales, las traiciones y la relación retorcida entre Johnny, Gyro y el propio país que los usa como piezas.
A eso súmale que es, probablemente, el Araki más fino a nivel visual y narrativo: composiciones limpias, paneles claros, ritmo muy medido y una sensación constante de que cada muerte, cada giro y cada mínimo avance en la carrera tiene peso real. No hay “relleno JoJo”; casi todo empuja el tema central de la obra.
Por todo eso, Steel Ball Run no se siente solo como “otra parte de JoJo”, sino como el pilar moderno de toda la serie, la obra que demuestra de lo que Araki es capaz cuando deja de improvisar locuras y decide construir una tragedia larga, elegante y demoledora. De ahí que tanta gente la considere, sin pestañear, el mejor manga de JoJo.
Volviendo al título de este artículo. ¿Por qué preferimos que se cancele? Porque en nuestra cabeza, la versión manga de Steel Ball Run es perfecta. Y ninguna adaptación, por mucho presupuesto que tenga, va a superar a nuestra imaginación.
Tenemos miedo de que la realidad rompa la magia.
Pero, compañeros fans, os digo esto: vale la pena el riesgo.
Vale la pena ver animada la batalla en la lluvia contra Blackmore. Vale la pena escuchar la banda sonora cuando Gyro use el “Spin” por primera vez. Vale la pena ver a Funny Valentine moverse y hablar, aunque sea con un poco de CGI en el fondo.
No va a ser perfecto. Habrá frames raros. Habrá caballos en 3D que nos harán torcer el gesto. Pero será Steel Ball Run. Será la historia de cómo Johnny aprendió a caminar de nuevo. Y sinceramente, después de tantos años de espera, creo que merecemos ver esa carrera, aunque el caballo sea poligonal.
Así que guardad las antorchas (de momento). Vamos a confiar. Y si sale mal… bueno, siempre nos quedará el manga y los memes.
Arigato, Gyro.
¿Qué opinas tú? ¿Eres del equipo “Purista 2D” o aceptas el CGI con tal de ver la historia animada? ¿Crees que Netflix cambiará su modelo de estreno? Déjanos un comentario abajo, ¡os leemos a todos!
En Hub Anime nos tomamos en serio la precisión. Este análisis sobre el anime de Steel Ball Run se apoya en anuncios oficiales, noticias de la industria y medios especializados:
Nota: Cualquier valoración sobre el impacto interno de la salida de Ishimoto, o sobre si Steel Ball Run se trata como “proyecto secundario”, corresponde a interpretación editorial y no a comunicados oficiales. Selección y contraste de fuentes por el equipo de Hub Anime.