La nueva versión de Ranma ½ cierra temporada con un arco de Mousse más divertido de lo que parece sobre el papel, un guiño directo al fandom queer y una pequeña gran pregunta en el aire: ¿por qué no han anunciado todavía la tercera temporada?
Resulta un poco extraño que esta temporada de Ranma ½ haya terminado sin el clásico “nos vemos en la próxima” que muchos daban por hecho. Más aún cuando el cierre se apoya en un personaje tan particular como Mousse, dejando en segundo plano a figuras que apenas hemos visto, como Ukyo. Si este fuera realmente el final de “nu-Ranma”, el encaje tendría cierto sentido: todos los grandes jugadores (Ranma, Akane, Shampoo, Ryoga, Mousse) ya están sobre el tablero y sus circunstancias básicas están definidas.
El arco arranca de forma muy Ranma: durante un festival, Akane gana un peluche de cerdito en una rifa, solo para que un misterioso secuestrador enmascarado lo confunda con ella y huya, dejando una entrada para un espectáculo de acrobacias chinas y un mensaje dirigido a Ranma. El villano parece ciego, torpe o ambas cosas… y cualquiera que conozca la serie sabe que eso solo puede apuntar a una persona.
Camino al espectáculo, Ranma alarga el chiste todo lo posible fingiendo que el peluche es Akane, incluso estando ella a su lado. Es uno de esos momentos de humor sorprendentemente afilado para él. Una vez en el show, Akane se harta y lanza a Ranma al escenario, donde queda encadenado a un blanco mientras un pato le lanza cuchillos con una puntería impecable. Cuando una daga va directa a su cara, Ranma entiende que no se trata de un simple animal talentoso, sino de un humano maldito con una vieja cuenta pendiente.
Así reaparece Mousse, ahora con una nueva maldición de Jusenkyo que lo transforma en pato. Su plan para derrotar a Ranma es… convertirlo también en pato, usando cubos de agua de la “Fuente del Pato Ahogado”. Desde la lógica interna de Ranma ½ tiene todo el sentido: no es el plan más brillante del mundo, pero encaja con la estupidez entrañable de Mousse y con la regla de oro de la serie: se prioriza lo que sea más gracioso por encima de lo que sea más coherente.
La persecución por el festival confirma que el agua está realmente maldita: un tanque lleno de peces dorados se convierte en un tanque repleto de patos. Así que cuando Ranma ve a Akane ser golpeada por un potente chorro de agua y salir despedida, no duda en creer que el patito adorable que encuentra después es ella. Se lo lleva a casa a escondidas, solo para descubrir, horrorizado, que al meterlo en la bañera no se transforma de vuelta en chica. Y, por supuesto, Soun estaba buceando en la bañera. Cosas que pasan en los baños Tendo.
La breve aparición de Nabiki es un recordatorio de lo mucho que se la ha echado en falta esta temporada. Cuando Soun ordena a Ranma “asumir la responsabilidad” y casarse con la supuesta Akane-pato, Nabiki se limita a disfrutar del caos: fotos de Ranma y el pato con kimonos de boda, Soun intentando que beba el sake ceremonial… hasta que la Akane real entra a frenarlo todo. Nabiki suspira, decepcionada de que la situación haya terminado antes de volverse “realmente interesante”.
Esta vez, sin embargo, es Akane quien se queda con el cerebro compartido: plantea convencer a Shampoo de aceptar una cita con Mousse si este consigue derrotar a Ranma en combate. Ranma debería dejarse perder a propósito, y así todos salen ganando. El problema es que Ranma es demasiado orgulloso para hacerlo, y Akane da por hecho que Mousse no aceptaría un triunfo “regalado”. Aun así, Shampoo accede y hasta le entrega a Mousse un arma especial hecha a medida.
El enfrentamiento entre Ranma y Mousse es corto, pero destaca como uno de los puntos altos de animación de la temporada, en una serie que ha sido más comedia de enredos que torneo de artes marciales. El bastón rematado con un pato que empuña Mousse transmite sensación de peso real: cada golpe parece capaz de hacer daño serio. Ranma, por su parte, está en modo acróbata total, esquivando y girando sin perder la sensación de que su cuerpo tiene huesos y músculos, lejos de la “ingravidez” caricaturesca que a veces marcan este tipo de peleas.
Cuando Ranma intenta comprobar si a Mousse le molestaría que él perdiera aposta, el chino demuestra que su “orgullo de hombre” es perfectamente negociable si el premio es salir con Shampoo. Lo que él no sospecha es que Shampoo, de nuevo en posesión de la neurona, ha trucado el bastón con huevos explosivos que terminan volviéndose en su contra. El combate culmina, muy en la línea de la serie, con Mousse aplastado por un frigorífico.
Este arco deja ver una de las contradicciones internas de Ranma ½ que rara vez se señalan dentro de la propia historia: la manera en que las chicas son tratadas como recompensas que se “ganan” en combate. El plan de Akane asume sin cuestionarlo que Shampoo puede ser “ofrecida” como premio si Mousse gana, igual que tantas veces se ha puesto a Akane en juego en desafíos y duelos.
Rumiko Takahashi ha jugado durante años con roles de género, inversiones de expectativas y humor a costa de la masculinidad y la feminidad, pero rara vez se detiene a explorar lo oscuro que es este esquema de “la novia como trofeo”. En la práctica, el status quo se mantiene porque Ranma siempre gana y porque Shampoo está enamorada de él, lo que hace que el chiste parezca menos cruel. Pero el capítulo deja flotando una pregunta incómoda: si Mousse llegara a “ganar” de verdad, ¿qué pasaría con el consentimiento de Shampoo?
La temporada concluye con una escena original del anime: Ranma y Akane corren tarde hacia la escuela, él se moja y se transforma, y termina aceptando que irá ese día en su cuerpo femenino. Akane le responde que le gusta tanto si es chico como si es chica. En la superficie, es un gesto claro de aceptación: ella lo quiere tal y como es. Pero la frase tiene implicaciones mucho más amplias.
La identidad de Ranma ha sido interpretada de muchas formas por el fandom: como un chico cis obligado a lidiar con una transformación indeseada, como alguien cuya versión femenina funciona casi como persona independiente o como una figura que encarna experiencias cercanas a la transición y a la fluidez de género. Este cierre refuerza una lectura muy extendida: con el tiempo, la angustia inicial de Ranma ante su transformación se va diluyendo y su identidad se vuelve más fluida, más cómoda moviéndose entre ambos estados.
Al mismo tiempo, la frase de Akane sugiere que su orientación tampoco es tan rígida como podría parecer: puede leerse como una forma de pansexualidad, o simplemente como una atracción dirigida a Ranma como individuo, independientemente del cuerpo en el que se presente. Sea cual sea la intención exacta del equipo del anime, el mensaje conecta con la forma en que Ranma ½ ha sido leído durante décadas por parte de la comunidad queer: como una obra que, aun envuelta en comedia de enredos, insiste una y otra vez en que el género no tiene por qué ser fijo ni único.
Sin anuncio de tercera temporada, este final deja a los personajes en un punto curioso: todas las piezas están sobre el tablero, la dinámica básica está establecida y, al mismo tiempo, el anime se permite un guiño contemporáneo sobre identidad y aceptación que dialoga directamente con la forma en que su público ha reinterpretado la serie a lo largo de los años. Ahora solo falta saber si esta versión de Ranma seguirá explorando ese potencial en futuras temporadas… o si nos quedaremos con este cierre a medio camino entre la comedia de siempre y una lectura más moderna de su protagonista.
Información de base vía Anime News Network. Análisis y perspectiva editorial por Hub-Anime.