Cada vez que Dragon Ball vuelve a la parrilla, no solo vuelve Goku: vuelve también el recuerdo de todas las veces que la industria ha ido al límite para exprimirlo. El remake de los arcos de Beerus y la Patrulla Galáctica llega en 2026 con una promesa clara “esta vez sí habrá calidad”.
Hoy toca hablar del inminente regreso de la franquicia más grande de la historia. Toei Animation ha soltado la bomba confirmando oficialmente para otoño de 2026 el estreno de Dragon Ball Super: Beerus y Dragon Ball Super: The Galactic Patrol. Esto significa, en resumen, que van a hacer un remake directo de los arcos iniciales de la serie original de 2015 para alinearlos visual y narrativamente con el manga de Toyotaro.
Cualquiera pensaría que el fandom estaría dando saltos de alegría lanzando Genkidamas al cielo, pero la realidad en redes y foros es muy distinta: hay un ambiente de escepticismo brutal. Mientras muchos resúmenes se quedan en lo “cool” que se verá Goku en alta definición, aquí vamos a lo que importa: por qué este anuncio ha despertado el terror entre los fans veteranos y ha encendido todas las alarmas sobre el estado actual de la producción de anime.
Aquí es donde hay que leer con atención los anuncios del Genkidama Matsuri 2026. Lo principal y más importante es que Dragon Ball Super: The Galactic Patrol (el arco de Moro) está oficialmente en producción, tal como confirmó Toei Animation durante el evento del 40 aniversario. La realidad del calendario es la siguiente: la nueva serie adaptará el arco del Prisionero de la Patrulla Galáctica del manga, con Moro, el Devorador de Planetas, como antagonista principal.
La comunidad lleva años pidiendo ver a Moro animado, y ahora es una realidad. Según la información publicada en el sitio oficial de Dragon Ball, esta nueva serie supondrá el regreso de la saga televisiva tras años sin episodios inéditos, adaptando las tramas posteriores al Torneo del Poder. En cuanto a fechas, la producción se encuentra en sus primeras etapas de desarrollo y su estreno está previsto para finales de 2027.
Sobre el arco de Granolah, hay que ser precisos: no fue mencionado explícitamente como proyecto separado en el roadmap de 2026. Sin embargo, diversas fuentes especializadas apuntan a que Dragon Ball Super: The Galactic Patrol adaptará las sagas hasta ahora exclusivas del manga, como la de Moro y también la de Granolah. Esto significa que cuando veamos a Granolah y al Ultra Ego en pantalla, será como parte de esta nueva serie que Toei Animation está produciendo, alejándose del modelo de anime infinito semanal para adoptar un enfoque más planificado y con la calidad que los fans merecen.
Todos los que estuvimos ahí en 2015 recordamos el infame episodio 5 de Dragon Ball Super (sí, ese combate de Goku Super Saiyan 3 contra Beerus en el planeta de Kaito). Aquellas caras deformes y movimientos estáticos se convirtieron en un meme mundial y le colgaron a la serie la etiqueta de “mala animación” durante años. Muchas personas se han preguntado desde entonces: “¿Acaso los animadores de Toei se olvidaron de dibujar?”.
La respuesta no es tan simple. La mala calidad de aquellos primeros episodios no fue un problema de talento. De hecho, franquicias como esta cuentan con leyendas del sakuga en sus filas. El desastre fue provocado por una matemática de producción imposible. En la industria del anime, un episodio promedio necesita semanas de preproducción para pulir los fotogramas clave (genga) y los fotogramas intermedios (douga), que son los que dan la ilusión de peso e inercia a los golpes. Lo que impacta de aquel fallo no es solo la falta de detalle en los rostros, sino la absoluta falta de tiempo: los animadores estaban entregando cortes a horas de la emisión en televisión nacional.
Cuando los plazos asfixian, la eficiencia quirúrgica desaparece. Los dibujantes no dudan ni un milisegundo de su arte, pero tienen que recortar esquinas, eliminar fotogramas de transición y entregar un producto a medio cocer. Si un estudio no tiene el tiempo necesario para desarmar y coreografiar un combate complejo, el resultado es el estatismo absoluto. En su primera emisión, el anime no solo presentó a un Goku “mal dibujado”: planteó una anomalía dentro de las reglas de calidad que exigíamos para un gigante de este calibre.
Si en 2015 la situación de los calendarios era mala, en 2026 el panorama roza lo termodinámicamente imposible. Y aquí es donde los datos fríos dan verdadero pavor. Según los informes recientes de la Asociación de Animaciones Japonesas, la industria está rompiendo récords absurdos: en el último ciclo anual registrado se produjeron 310 títulos distintos, generando más de 6.820 minutos de animación tradicional. ¿El problema? Todo ese volumen titánico recae sobre los hombros de menos de 6.000 animadores capacitados en todo Japón.
Esto ya no es una carrera de supervivencia; es un colapso estructural. Y los ejemplos de este mismo año nos advierten de lo que puede pasar. Fíjate bien en la debacle de la segunda temporada de Blue Lock, donde los partidos de fútbol se convirtieron en lo que la comunidad ha bautizado tristemente como “animación de diapositivas”. Los animadores, cobrando una miseria y trabajando a contrarreloj, vieron cómo sus escenas de acción eran mutiladas por el comité de producción, dejando a los jugadores estáticos mientras solo se movía el balón. O miremos hacia la demografía shonen pura: el sexto episodio de la esperadísima tercera temporada de One Punch Man tocó fondo histórico en IMDb (con notas de 1.5 sobre 10) precisamente por perder toda la fluidez que definía a la saga.
Sabiendo esto, la duda de la comunidad de Dragon Ball es más que legítima. Si MAPPA, 8bit y J.C.Staff están tropezando por la sobrecarga de trabajo y la falta de animadores libres, ¿qué nos garantiza que Toei Animation pueda aislar a su equipo estrella de este caos generalizado? Prometer un remake con calidad cinematográfica suena espectacular en un teaser de 30 segundos, pero sostener eso semanalmente en el clima actual de hiperproducción es jugar a la ruleta rusa con el legado de Akira Toriyama.
Ahora toca rascar en la narrativa corporativa. Una de las quejas más ruidosas de la comunidad estas semanas ha sido el matchup de historias: “¿Por qué hacer un remake de la Batalla de los Dioses cuando el manga de Toyotaro tiene arcos increíbles y oscuros como el de Moro o el de Granolah esperando a ser animados?”.
Aquí es donde entra el inmovilismo de los Comités de Producción (Seisaku Iinkai). Estos comités son consorcios de empresas que financian el anime, y su mentalidad actual la ha resumido a la perfección Taro Maki, un veterano productor de la industria. Según Maki, la prioridad absoluta de las cúpulas corporativas japonesas hoy en día es “evitar el fracaso” a toda costa, operando bajo un sistema donde asumir riesgos creativos está penalizado.
No es solo que retrasen animar la sangre de la saga de Moro; es que revivir a Beerus es un movimiento de nostalgia de riesgo cero. Saben que los fans van a consumir el remake masivamente para comparar si la animación ha mejorado respecto a 2015. Juegan con la curiosidad morbosa y el amor incondicional del fandom. El problema (y puntos extra negativos para los directivos aquí) es que este reciclaje de tramas rara vez viene acompañado de una mejora real en los presupuestos o en las condiciones de los animadores. Venden la idea de “perfeccionar el pasado”, pero siguen inyectando el dinero y marcando los mismos tiempos de entrega draconianos que provocaron el problema en primer lugar.
En lugar de avanzar en el lore y permitir que la serie crezca orgánicamente hacia sus nuevas y aclamadas etapas del manga, la industria prefiere mantener a la franquicia en un bucle de seguridad financiera. Y esto, a largo plazo, desgasta la paciencia hasta del fan más devoto.
A pesar de todo lo expuesto, no todo tiene que ser un escenario apocalíptico. Sabemos que cuando a Toei Animation se le da el presupuesto adecuado y, sobre todo, un margen de preproducción saludable, son capaces de crear magia pura. Lo demostraron sobradamente con la película Dragon Ball Super: Broly, donde el estilo suelto de Naohiro Shintani permitió a los animadores clave lucirse con una plasticidad y una fuerza bruta que nos dejó a todos pegados a la butaca. Lo que impactó de esa película no fue solo el aura de los Saiyans, sino el ritmo, el peso de cada puñetazo y la coherencia visual.
Para que Dragon Ball Super: Beerus y The Galactic Patrol triunfen en otoño de 2026, el estudio tiene que haber aprendido la lección de 2015. Tienen que aislar esta producción del ritmo infernal de la televisión tradicional y, tal vez, adoptar un formato de temporadas más cortas pero mejor estructuradas. Si Toei ha estado trabajando en secreto durante los últimos dos años preproduciendo episodios para no llegar con el agua al cuello, podríamos estar ante la versión definitiva de estos arcos.
Pero si este anuncio es fruto de las prisas, de presionar a un equipo de animadores que ya no da más de sí en una industria saturada, el resultado será un desastre anunciado. Volveremos a ver rostros desencajados, combates sin impacto y otra disculpa silenciosa de la industria.
La llegada del nuevo Dragon Ball Super no es un estreno más en el calendario. Es el termómetro que nos va a demostrar si la industria del anime japonés está dispuesta a cambiar su modelo destructivo, o si va a seguir exprimiendo a sus franquicias doradas hasta romperlas por completo.
Como fans, queremos ver a Goku y Vegeta rompiendo sus límites en pantalla con la mejor calidad posible. Pero también sabemos distinguir cuándo una obra tiene alma y cuándo es un producto fabricado con prisas para cumplir una cuota trimestral. El balón ahora está en el tejado de Toei y del Comité de Producción. Han prometido enterrar el mayor error de su pasado; esperemos que, en el proceso, no acaben cavando una tumba aún más profunda por culpa de unos plazos imposibles.
En Hub Anime priorizamos fuentes oficiales de la industria (propietarios de la licencia, estudios y medios especializados) para contrastar anuncios, fechas y datos estructurales del sector. Para este artículo sobre el regreso de Dragon Ball Super y la crisis de producción en 2026, hemos consultado:
Revisión de fuentes realizada por el equipo editorial, combinando anuncios oficiales de Shueisha y Toei Animation con análisis de mercado y testimonios de productores para ofrecer un contexto sólido sobre el nuevo Dragon Ball Super y el estado actual de la industria del anime.