Durante años nos vendieron la idea de que el streaming era la solución perfecta: todo el anime, siempre disponible, en cualquier pantalla. Hoy, con la desaparición silenciosa de series completas, empezamos a descubrir la letra pequeña.
Vale, tenemos que hablar seriamente de lo que está pasando hoy. Si esta mañana has intentado entrar a Netflix para ver esa pelea brutal de Siegfried contra Karna en Fate/Apocrypha, te habrás dado cuenta de algo doloroso: ya no está. Desapareció.
Hoy, martes 10 de febrero de 2026, marca el final oficial de la licencia de Fate/Apocrypha en la plataforma. Y sé lo que estás pensando: “Bueno, es solo una serie, la veré en otro lado”. Pero aquí es donde la cosa se pone fea de verdad. Esto no es un simple cambio de catálogo; es el comienzo de una purga estructural que va a cambiar cómo consumimos anime.
Lo que estamos viendo hoy es la tormenta perfecta entre el colapso del formato físico, un movimiento corporativo multimillonario en el horizonte y la mentira más grande que nos han vendido en la última década: la etiqueta de “Netflix Original”. Vamos a desgranar por qué tu biblioteca digital se está desmoronando y por qué Mob Psycho 100 es el siguiente en la lista de bajas.
Durante años hemos visto ese logo rojo de la “N” al principio de series como Fate/Apocrypha, Sirius the Jaeger o Magi: Adventure of Sinbad. Como fans, asumimos algo muy simple: “Esto es de Netflix, Netflix lo pagó, Netflix lo guarda para siempre”.
Pues no.
En la mayoría de casos de anime (salvo excepciones contadas como Devilman Crybaby o Cyberpunk: Edgerunners, donde sí financiaron la producción), Netflix no posee estas series. Lo que hizo fue comprar una licencia exclusiva de distribución global por tiempo limitado, normalmente ventanas de 5 a 7 años. Es un alquiler de lujo, no una compra.
Hoy ese alquiler para Apocrypha se ha vencido. Y con Netflix en modo “ahorro de costes” tras sus grandes inversiones recientes, no hay mucho interés en renovar una serie de 2017 que ya no arrastra suscriptores nuevos.
Lo que asusta no es solo lo de hoy. Si miramos las fechas de expiración de licencias, 2026 parece un campo de minas para el fan del anime. Aquí es donde entra el FOMO real, porque vamos a perder joyas que definieron la última década.
Ojo a estas fechas, porque esto va a doler:
La lección es dura pero sencilla: si no tienes el archivo en tu disco duro o el disco en tu estantería, no es tuyo. Es prestado. Y el dueño acaba de decidir que se acabó el recreo.
Para entender por qué Netflix puede estar dejando morir licencias tan importantes, hay que mirar a los despachos. Desde hace meses circulan informes y rumores serios sobre una posible fusión o adquisición entre Netflix y Warner Bros. Discovery, con cifras que se mueven en torno a decenas de miles de millones de dólares.
No estamos diciendo que el acuerdo esté firmado ni cerrado; lo importante para este análisis es el escenario que plantea: un gigante del streaming controlando también el peso pesado que es Warner Bros. Japan. Y ahí es donde el anime entra en juego de forma directa.
Warner Bros. Japan es uno de los productores de anime más grandes y está detrás de bestias como JoJo’s Bizarre Adventure, Mob Psycho 100, Food Wars! o Gintama. Si una sola plataforma acabara teniendo control sobre ese catálogo y, además, sobre la distribución global, el equilibrio del ecosistema de anime cambiaría por completo.
En el escenario de una fusión Netflix–Warner, la situación para Crunchyroll sería complicada. Hasta ahora, Crunchyroll licenciaba muchas de estas series de Warner Bros. Japan. Pero si esos derechos pasan a estar bajo el paraguas de Netflix, la lógica corporativa es sencilla: ¿por qué ceder JoJo o Mob Psycho a tu rival cuando puedes usarlos como exclusivas de tu propia plataforma?
La jugada a largo plazo está clara: la futura adaptación de Steel Ball Run (Parte 7 de JoJo, para muchos la mejor obra de Araki) sería la carta perfecta para blindar usuarios. Y mientras se reordenan estos catálogos, tiene sentido que Netflix vaya “limpiando” series alquiladas como Fate/Apocrypha o Kabaneri para reservar presupuesto y espacio a franquicias que, en ese hipotético escenario, sí controlarían de forma más directa.
Pasaríamos de un modelo de “biblioteca abierta” a uno de “jardines vallados” mucho más agresivos:
Si quieres ver Demon Slayer, pagas a Sony/Crunchyroll.
Si quieres ver lo próximo de JoJo o Mob Psycho, pagarás a Netflix.
Y en medio de esa guerra de titanes, series más pequeñas o licencias antiguas como Apocrypha se quedan sin silla cuando para la música.
La respuesta lógica de cualquier coleccionista sería: “Pues me compro el Blu-ray y ya está”. Ojalá fuera tan fácil.
La industria ha pivotado tan duro hacia el streaming que ha canibalizado su propio sistema de preservación. Según la Asociación de Animaciones Japonesas, el mercado global de streaming de anime genera 2.36 mil millones de dólares, mientras que el mercado de discos físicos se ha desplomado a unos 20.4 millones.
La diferencia es ridícula. Para las productoras, hacer discos ya no es un negocio, es casi un favor a los coleccionistas. Esto nos deja dos problemas gordos, sobre todo en España y Latinoamérica:
Y luego están los llamados “Netflix Originals”. Series como Sirius the Jaeger o Kabaneri apenas tuvieron distribución física fuera de Japón porque nacieron para streaming. Cuando sus licencias se apaguen en abril y septiembre, entrarán de lleno en el limbo del “lost media”. Puede que no haya forma legal de verlas en alta calidad.
Y hablando de calidad: el streaming nunca igualará al físico. Netflix te vende “4K”, pero el bitrate es bajísimo comparado con un Blu-ray. En escenas oscuras o con mucho movimiento —y Fate tiene unas cuantas— el streaming se rompe en píxeles y banding. Perder el formato físico no es solo perder una caja bonita; es perder la mejor versión de la obra.
Todo esto ocurre en un contexto donde la industria está produciendo más que nunca, pero peor. En 2024/2025 se batió récord con 310 animes en un año. Es una locura. No hay suficientes animadores en Japón para dibujar todo eso.
El resultado lo hemos visto todos: caídas de calidad brutales. El episodio 6 de One Punch Man Temporada 3 tocó fondo con un 1.5 en IMDb, o el caso de Uzumaki, que empezó como obra de arte y acabó desinflándose porque la producción no daba más de sí.
Las plataformas de streaming necesitan “contenido” constante para que no canceles la suscripción. Les importa más tener algo nuevo cada semana que algo bueno que dure 10 años. Por eso, cuando una licencia vieja caduca, la dejan ir sin miramientos. Prefieren invertir ese dinero en cinco animes mediocres nuevos que rellenen catálogo que en preservar un clásico moderno. Es el modelo de “usar y tirar” aplicado al anime.
Vale, después de todo este baño de realidad, ¿qué opciones nos quedan? No quiero terminar con un mensaje derrotista, pero sí honesto.
La salida de Fate/Apocrypha hoy es triste, sí. Perdemos una gran Guerra del Grial. Pero lo que más preocupa no es lo que perdemos hoy, sino que nos estamos acostumbrando a no ser dueños de nada. La cultura del anime siempre se basó en el coleccionismo y la pasión; no dejemos que se convierta solo en un alquiler mensual.
En Hub Anime priorizamos los documentos oficiales frente a los rumores o la prensa generalista. Para este análisis sobre la compra de Warner Bros., la retirada de animes y la situación del mercado, nos apoyamos en las siguientes fuentes corporativas y regulatorias:
Revisión de fuentes realizada por el equipo editorial de Hub Anime para asegurar que los datos financieros, legales y de industria estén contrastados con documentación oficial.