¿Por qué cada desastre en el mundo de la hechicería parece estar perfectamente conectado? La respuesta tiene nombre, lleva cicatrices en la frente y opera desde las sombras. Descubre el plan maestro del titiritero que reescribió las reglas del juego.
Kenjaku es, sin lugar a dudas, el titiritero más peligroso del mundo del jujutsu. Se trata de un hechicero milenario que ha estado manipulando los hilos de la historia desde las sombras, orquestando eventos clave a lo largo de los siglos. Su objetivo final siempre ha sido el mismo: forzar la evolución de la humanidad a través de la energía maldita, buscando fusionar a la población de Japón con el Maestro Tengen para crear una entidad sin precedentes.
Mil años de vida dan para muchos fracasos, y Kenjaku los ha tenido, aunque siempre ha sabido aprender de ellos. Durante el Periodo Heian, le enseñó a Sukuna cómo dividir su alma y convertirse en un objeto maldito. Sukuna, siendo el genio que es, lo entendió al instante y lo ejecutó él solo, dividiendo su alma en veinte dedos malditos indestructibles. Siglos después, ese mismo conocimiento le permitió a Sukuna transformar el dedo de Yuji en un objeto maldito para meterse en el cuerpo de Megumi.
En el pasado, Kenjaku intentó dos veces interferir con el Maestro Tengen para cumplir su meta, y las dos veces un portador de los Seis Ojos lo paró en seco. La conclusión fue clara: atacar de frente no iba a funcionar nunca, porque el destino siempre haría aparecer a alguien nuevo para bloquearlo.
Así que cambió de estrategia. Si no podía ganar por la fuerza, sellaría al problema. Empezó a buscar la Prisión Confinadora y, mientras tanto, aprovechó el Periodo Edo para hacer tratos con hechiceros violentos como Hajime Kashimo, usando el mismo método que con Sukuna para convertirlos en objetos malditos y usarlos cuando llegara el momento.
Su movimiento más oscuro llegó en la Era Meiji, cuando tomó el cuerpo de Noritoshi Kamo. Usó a una mujer como sujeto de experimentos hasta que gestó nueve Úteros Malditos, destruyendo la reputación del clan Kamo para siempre. Al mezclar la sangre de ese cuerpo (con su técnica de Manipulación de Sangre) en los embriones, criaturas como Choso heredaron esa habilidad. Un patrón de maternidad retorcida que Kenjaku repetiría un siglo después al robar el cuerpo de Suguru Geto para iniciar su plan maestro.
Acabas de ver que lleva mil años vivo y activo. La pregunta obvia es: ¿cómo? La respuesta está en su arma más poderosa, que no es una técnica de combate sino su capacidad para trasplantar su propio cerebro de un cuerpo a otro. Cada vez que lo hace, hereda la técnica maldita de su nueva víctima.
Los que seguimos el arco semana a semana sabemos lo que fue ver a Suguru Geto caminando en Shibuya. La brutalidad de Kenjaku no está solo en robar un cuerpo, sino en copiarlo a la perfección: imita la identidad, el flujo de energía y hasta la firma celular del huésped. Tan bien que ni los Seis Ojos de Satoru Gojo detectaron al impostor. Para Gojo, era su mejor amigo. Para Kenjaku, era una marioneta más.
Y esa cicatriz en la frente que lo delata tampoco es inocente. En Shibuya, Kenjaku deshizo las suturas justo delante de Gojo, no para burlarse, sino como una jugada táctica fría y calculada: el shock de ver el cerebro de su mejor amigo profanado hizo que el tiempo subjetivo de Gojo pasara rápido, cumpliendo la condición exacta para sellarlo en la Prisión Confinadora.
Técnicamente, las técnicas malditas se graban en la corteza prefrontal del cerebro. Como Kenjaku siempre trasplanta su propio cerebro, sus técnicas viajan con él. El límite es físico: el cerebro humano aguanta un máximo de tres o cuatro técnicas a la vez antes de colapsar. Por eso elige con cuidado qué conserva. En la era actual lleva su salto de cuerpos, la Manipulación de Espíritus y el Sistema Antigravedad de Kaori Itadori —una técnica que, en su forma original, anula la gravedad, pero cuya inversión la convierte en una fuerza aplastante de presión letal.
Yuji no tuvo suerte. Fue diseñado. Para entender por qué, hay que ir mil años atrás: cuando Sukuna era humano, devoró a su propio hermano gemelo en el vientre materno para sobrevivir.
Pero el alma de ese bebé no desapareció. Reencarnó en la época moderna como Wasuke Itadori, el abuelo de Yuji. Esto lo confirmó el propio Gege Akutami en el material extra del volumen final. Kenjaku, que entiende el alma mejor que nadie, rastreó esa reencarnación. Y al saber el valor genético de esa familia, robó el cadáver de Kaori Itadori y engendró un hijo con Jin.
El resultado: Sukuna es técnicamente el tío-abuelo de Yuji, porque es Wasuke quien lleva el alma del gemelo devorado. Yuji y los Úteros Malditos son medios hermanos. Y el cuerpo de Yuji fue preparado desde antes de nacer como recipiente perfecto para Sukuna. Nada en él fue casualidad.
¿Pero en qué consistió exactamente esa preparación? A nivel biológico y energético, Kenjaku diseñó a Yuji no solo como un recipiente, sino como una jaula inquebrantable. Modificó su cuerpo desde el útero para otorgarle una fuerza física sobrehumana (capaz de rivalizar con una Restricción Celestial) y una densidad celular que evitara que se desintegrara al albergar el poder del Rey de las Maldiciones. Además, lo dotó de una inmunidad absoluta a los venenos, un requisito indispensable para sobrevivir a la letalidad de los dedos. Por eso, en el primer capítulo, Yuji ya rompía récords mundiales sin saber nada de hechicería: su cuerpo era el pináculo de la bioingeniería maldita.
Lo que mueve a Kenjaku no es el poder ni la venganza. Es la curiosidad. Quiere forzar la evolución de la humanidad a través de la energía maldita, y llegó a la conclusión de que nada que él mismo creara sería suficientemente interesante. Necesitaba soltar un caos tan grande que ni él pudiera controlar del todo.
El catalizador de este plan maestro ocurrió años atrás, gracias a una anomalía del destino. El Maestro Tengen, la entidad que mantiene las barreras protectoras de Japón, necesitaba asimilar a una joven llamada Riko Amanai para estabilizar su existencia. Sin embargo, cuando el asesino Toji Fushiguro mató a Riko antes del ritual, rompió el equilibrio del mundo del jujutsu y le dio a Kenjaku la oportunidad que llevaba siglos esperando.
Al no poder fusionarse, Tengen siguió evolucionando sin control hasta convertirse en algo parecido a un espíritu maldito. Kenjaku aprovechó esa vulnerabilidad y, usando la técnica robada a Geto, lo capturó con un objetivo muy concreto: fusionarlo a la fuerza con los 120 millones de civiles de Japón para crear una nueva forma de existencia.
Para que esa fusión funcione, las almas necesitan estar preparadas. Ahí entra el Juego del Sacrificio (Culling Game). Las masacres dentro de las barreras generan tanta energía maldita que empujan las conciencias de todo el país hacia un estado compatible con Tengen. No es destrucción por destrucción: es un experimento de evolución forzada a escala nacional.
En combate, Kenjaku está entre los mejores del mundo en manejo y ruptura de barreras. Su Dominio de Expansión se llama “Profusión de Vientre” (Taizō Hen’ya) y funciona diferente a casi todos los demás: no encierra al rival dentro de una cáscara. Es un Dominio de Barrera Abierta, lo que significa que destroza el Dominio Simple del enemigo sin esfuerzo y garantiza un golpe seguro con una fuerza aplastante.
Visualmente es una confesión de todos sus crímenes. El pilar central es una masa retorcida de rostros y espíritus agonizantes, rodeado en la base por figuras decapitadas que parecen mujeres embarazadas. El nombre no es casual: pervierte el concepto budista del “Reino del Vientre” (Taizō-kai), un espacio sagrado habitado por los Cinco Budas de la Compasión, convirtiendo su masacre en un acto de falsa compasión divina.
El ataque garantizado de este Dominio está imbuido con la inversión del Sistema Antigravedad: donde la técnica original anula la gravedad, su inversión la amplifica hasta niveles letales. Cualquier persona u objeto dentro del radio de alcance es aplastado instantáneamente contra el suelo con una presión imposible de resistir, sin escapatoria posible al no haber una barrera física que romper.
La única forma de sobrevivir a esta técnica es desmantelar el Dominio desde el exterior o resistir el tiempo suficiente, algo casi imposible. Durante su enfrentamiento contra Yuki Tsukumo, la brutalidad de Profusión de Vientre demostró por qué un Dominio de barrera abierta es tan temible: destrozó el Dominio Simple de Yuki en cuestión de segundos y la aplastó sin piedad, dejando claro que a nivel de hechicería pura, muy pocos en la historia pueden rivalizar con él.