Internet justifica nuestra obsesión por los villanos con el meme “If evil, why hot?”. Pero la verdadera pregunta es: ¿por qué le perdonamos a un personaje lo que jamás toleraríamos en la vida real?

Admitámoslo: todos tenemos a ese villano que en la vida real nos daría terror, pero que en el anime nos tiene a sus pies. Para entender por qué hacemos la vista gorda y le perdonamos todo a los malos, no hay mejor ejemplo que Jujutsu Kaisen.
Recuerdo ver a Suguru Geto en el arco del Inventario Oculto y pensar: “¿Por qué estoy empatizando por un futuro genocida?”. La respuesta es que los estudios juegan sucio. MAPPA no se limitó a calcar el manga; lo animó con un nivel de detalle que roza lo criminal. Esa iluminación melancólica, la forma en que se suelta el pelo, la voz de su seiyuu… todo está diseñado para manipularte y que caigas rendido antes de que cruce la línea de no retorno.
En psicología lo llaman el “Efecto Halo”, pero en el fandom es simplemente que nuestro cerebro nos traiciona: si el personaje tiene un diseño increíble, asumimos automáticamente que en el fondo es un incomprendido que necesita un abrazo. Por eso odiamos a muerte a los villanos feos o cobardes (te miro a ti, Mahito), pero le ponemos una alfombra roja a un asesino con estilo.

Pero claro, ser atractivo solo te salva hasta que cometes tu primera masacre en pantalla. Ahí es cuando entra la culpa. Como no queremos sentirnos como unos psicópatas por apoyar a un asesino, la comunidad hace lo que los psicólogos llaman “desvinculación moral”: borramos la culpa del personaje para no sentirnos mal por quererlo.
Con Geto, el fandom hizo magia: nos convencimos de que la culpa era de la basura que es la sociedad de los hechiceros. De repente, masacrar a 112 aldeanos ya no era una locura imperdonable, sino el límite al que llega un adolescente roto por tragarse maldiciones a diario. Si a eso le sumas lo que esos asquerosos aldeanos les hacían a Mimiko y Nanako, medio internet te lo firma como un acto de justicia. Hacemos la vista gorda con las víctimas de fondo porque nos negamos a soltarle la mano a nuestro favorito. Y sí, yo también he estado ahí, justificando lo injustificable solo porque ver cómo se rompía por dentro me dolía en el alma.

La cosa se descontrola de verdad cuando esto llega a TikTok o X. En el caso de Gojo y Geto, gran parte del fandom nos obsesionamos tanto con su etapa de estudiantes (esos años perfectos antes de que todo se fuera al infierno) que lo convertimos en una tragedia romántica que eclipsó por completo el debate ético.
Si estuviste en redes cuando salió esta temporada, sabes de lo que hablo. Los crímenes de Geto quedaron enterrados bajo millones de vídeos tristes hechos por los fans para dar pena. De repente, a nadie le importaba si estaba bien o mal aniquilar a la humanidad; todo se convirtió en una pelea constante para defender a nuestro “niño incomprendido”. Al final, justificar al villano en internet ya no tiene nada que ver con la trama del anime, sino con defender a tu personaje favorito como si fuera tu equipo de fútbol.

Y luego están los casos donde el fandom ni siquiera intenta justificar nada. No buscamos “niños incomprendidos”, sino que caemos rendidos ante lo que en psicología se conoce como la Tríada Oscura (narcisismo, maquiavelismo y psicopatía). Tomemos a Ryomen Sukuna: el manga te suelta sin filtros que devoró a su gemelo en el útero y creció marginado. Sin embargo, no lo amamos por ese pasado trágico, sino por lo que hizo con él: forjar un ego desmedido y una crueldad absoluta.
Por su parte, Toji Fushiguro se mueve en un terreno más gris y retorcido. A simple vista, es el tipo que vendió a su hijo por diez millones de yenes al clan que le arruinó la vida. Pero luego descubrimos que intentó protegerlo encargándoselo a Gojo, llegando a volarse la cabeza tras resucitar solo para no lastimar a Megumi. Es precisamente esa mezcla de crueldad y sacrificio lo que lo hace tan atractivo.
Ya sea por el egoísmo de Sukuna o la dualidad de Toji, la pregunta es la misma: ¿por qué nos obsesionan tanto? Porque representan todo lo que no podemos ser. En la vida real, cruzaríamos de acera si viéramos a alguien con este perfil tan destructivo. Pero en la ficción, nos tragamos su toxicidad con gusto porque nos fascina ese nivel de libertad inalcanzable; ese instinto depredador de hacer lo que les da la gana sin rendirle cuentas a la sociedad.

Y aquí es donde todas las piezas encajan. Nos pasamos la vida intentando ser buenas personas, pagando impuestos, siendo educados y midiendo nuestras palabras. Justificamos a estos personajes no solo porque sean atractivos, sino porque la ficción es el único lugar seguro donde podemos soltarnos la melena y explorar la oscuridad sin consecuencias.
La próxima vez que veas a medio internet perdonándole sus atrocidades a un tirano de anime solo porque el estudio le hizo un primer plano espectacular, recuerda esto: no estamos aplaudiendo su maldad. Estamos celebrando el inmenso alivio de no tener que ser los buenos por un rato.
Y ahora te pregunto a ti: ¿a qué villano “hot” le has perdonado absolutamente todo sin darte cuenta? ¿Eres de los que defiende a Geto con uñas y dientes o tienes otro favorito? Déjamelo en los comentarios, que hay tela para debatir.