Hay series que se derrumban a mitad de camino y otras que resurgen cuando ya las habías enterrado. Black Torch hace ambas cosas, y por eso cuesta tanto ponerle nota.

El episodio 12 de Black Torch acaba de poner punto final a la primera temporada y, para qué engañarnos, el futuro de la serie pinta bastante oscuro. A día de hoy no hay ni rastro de una segunda parte. Si tenemos en cuenta que el manga fue cancelado con apenas cinco tomos y ya no queda más historia original que adaptar, toca hacerse la pregunta del millón: ¿vale la pena invertir cinco horas en ver este anime o mejor pasamos a otra cosa?
Como fan que lleva leyendo esta obra desde que debutó en la revista Jump Square, te confieso que la respuesta no es nada fácil. Black Torch es una auténtica montaña rusa. Por momentos te convence de que estás viendo el mejor shonen del año, pero luego tiene bajones en los que cuesta no darle al botón de adelantar.

Todavía recuerdo la sensación al ver el primer episodio: fue una absoluta salvajada. Ver a Jiro Azuma peleando a puño limpio en un callejón contra unos delincuentes, solo para defender a un gato y un pájaro, deja claro que este no es el clásico inicio del héroe elegido por el destino. Es un arranque sucio, callejero y que funciona a la perfección.
Se nota a kilómetros que 100studio no se guardó absolutamente nada en esos primeros veinte minutos. La historia no te da respiro: el mismo pájaro rescatado guía a Jiro hasta un bosque donde se topa con Rago, un mononoke (espíritu o demonio japonés) con forma de gato malherido. Cuando ambos se ven acorralados por un enemigo y deciden fusionarse para no morir, la escena te vuela la cabeza, sobre todo por cómo esos colores neón tan intensos rompen por completo con la oscuridad del bosque.
Es en ese momento donde te convencen de que estás ante el bombazo del año. Si la serie hubiera aguantado ese ritmo hasta el final, hoy hablaríamos de una obra maestra. Y ni hablemos de la música, porque la banda sonora de Yutaka Yamada, rematada con ese opening explosivo del grupo SiM, te deja literalmente clavado en la silla.

Pero ese subidón inicial no dura. En cuanto Jiro se ve obligado a unirse a la Oficina de Espionaje (la agencia gubernamental encargada de mantener a raya a los mononoke) y le imponen compañeros de misión, la historia frena en seco. Pasamos de combates urbanos brutales a la conocida fórmula de equipo que ya nos sabemos de memoria.
Por un lado está Reiji, el clásico espadachín con un pasado trágico. En el episodio 8 llega su gran momento: un cara a cara familiar con una espada maldita de por medio. La idea es buenísima y apuntaba a ser uno de los momentos más intensos de la serie. Pero, para no hacerte spoilers, solo diré que lo resuelven tan rápido que te quedas igual que estabas. Lo que prometía ser un combate inolvidable acaba pasando sin pena ni gloria.
Y luego está Ichika. Es verdad que su actitud tan fría tiene una buena explicación: arrastra un trauma muy oscuro con su madre y un mononoke, algo que los episodios 5 y 6 cuentan muy bien. Pero, más allá de ese pasado, acaba siendo el habitual personaje que solo sale en pantalla para cortar el ritmo de la historia.
Eso sí, hay que reconocerle algo a la serie: la calidad de la animación no baja en ningún momento. El fallo de estos capítulos es 100% del guion, y ese frenazo a mitad de temporada da muchísima rabia.

Admito que estuve a punto de abandonar la serie durante ese bajón de mitad de temporada. Pero si logras aguantar, te prometo que el final lo compensa todo. La serie vuelve a pisar el acelerador, y el que literalmente se echa la historia al hombro para darnos un cierre espectacular es el antagonista: Amagi.
Lo que hace grande a este personaje no son sus poderes, sino lo que descubrimos en el episodio 11. Aún tengo grabada en la memoria la escena de ese flashback brutal. Te cuentan que Amagi era venerado como un dios, hasta que los mismos humanos a los que protegía lo traicionaron de la peor forma posible, entregando a la única persona que de verdad le importaba. Ahí es donde su cabeza hace clic y nace su asco por nuestra especie.
De repente, todo encaja. Cuando te suelta ese discurso de que “el fuerte devora al débil”, te das cuenta de que no es el clásico malo genérico que quiere destruir el mundo porque se aburre. Su odio nace del dolor real y de ver lo cruel que puede llegar a ser la humanidad. Se nota que el autor le puso muchísimo cariño a su historia.
Y luego llega el combate final. Ver a Amagi desatando su faceta más aterradora contra un Jiro llevado al límite es un espectáculo. El estudio de animación lo da todo para regalarnos un combate lleno de tensión, pero lo que de verdad me ganó fue cómo termina todo, con Amagi asumiendo el final con una dignidad tremenda. Es un cierre perfecto para el personaje y, sin duda, de lo mejor que nos ha dejado el anime este año.

Siendo sinceros, Black Torch es una serie que te da tantas alegrías como dolores de cabeza. Si eres de los que no soporta los tópicos del shonen y necesitas una historia súper profunda desde el minuto uno, te lo digo ya: ni te acerques. Probablemente te desesperes con las actitudes de algunos personajes y termines abandonando la serie a mitad de temporada.
Pero ojo, si lo que el cuerpo te pide es disfrutar de combates sobrenaturales espectaculares, una animación brutal y una banda sonora que es una auténtica locura, dale al play sin pensarlo. Son solo 12 episodios de un viaje imperfecto que, a pesar de sus tropiezos narrativos, consigue despedirse con la cabeza muy alta y te deja con un gran sabor de boca.
Y tú, ¿de qué lado estás? ¿Le darás una oportunidad a la acción o prefieres dejarla pasar? Y si ya la viste, ¿estás de acuerdo conmigo o te decepcionó? ¡Déjame tu opinión en los comentarios y lo debatimos! 👇